La consideración por parte del gobierno del PRM de la tecnología de monorriel sobre la expansión tradicional del metro representa una preocupante priorización de ahorros de costos a corto plazo sobre la eficacia del tránsito a largo plazo. Este análisis demuestra que, si bien los monorrieles pueden parecer financieramente atractivos inicialmente, constituyen una solución fundamentalmente limitada que no logra satisfacer las necesidades de transporte actuales de Santo Domingo, y mucho menos los requisitos futuros.

Los datos actuales muestran que el sistema de metro de Santo Domingo gestiona 27.000 pasajeros por hora durante las horas pico, mientras que el monorriel propuesto ofrecería solo 20.000, una reducción del 26% en la capacidad. Esto es particularmente preocupante dado que las líneas de metro existentes ya están operando a su máxima capacidad, con una congestión significativa durante las horas pico.

Lo más preocupante es que el monorriel propuesto comenzaría a operar ya en su umbral de capacidad máxima, con un alcance mínimo para futuras expansiones. Este enfoque cortoplacista conduciría inevitablemente a un sistema de tránsito obsoleto casi inmediatamente después de su finalización, requiriendo inversiones adicionales en una década en lugar de servir a la ciudad durante 20-25 años, como lo han hecho históricamente las expansiones adecuadas del metro.

Limitaciones de Capacidad: Los Números No Mienten

La brecha de capacidad es particularmente problemática dadas las tendencias demográficas de Santo Domingo. La población de la ciudad sigue creciendo constantemente a aproximadamente un 1.5% anual, con tasas de crecimiento aún mayores en los suburbios exteriores que serían atendidos por nuevas líneas de tránsito. Introducir un sistema que ni siquiera puede igualar las necesidades de capacidad actuales, y mucho menos acomodar el crecimiento futuro, representa una planificación de tránsito fundamentalmente defectuosa.

Lo más preocupante es que los sistemas de monorriel tienen capacidades de expansión inherentemente limitadas. A diferencia de los sistemas de metro donde la capacidad puede aumentarse añadiendo vagones, extendiendo andenes o aumentando la frecuencia, los monorrieles tienen limitaciones físicas rígidas que hacen que una expansión significativa de la capacidad sea prohibitivamente difícil o imposible después de la construcción.

Comparaciones Globales: Aprendiendo de la Experiencia Internacional

La experiencia global demuestra consistentemente que los monorrieles funcionan mejor como sistemas complementarios para aplicaciones de nicho específicas (conexiones aeroportuarias, áreas turísticas o corredores de baja densidad) en lugar de como columnas vertebrales primarias del transporte masivo. Las ciudades que han intentado implementar monorrieles como arterias principales de tránsito han enfrentado invariablemente limitaciones significativas y, a menudo, han terminado reemplazando o complementando estos sistemas con metro convencional o tren ligero en cuestión de décadas.

El monorriel de Chongqing en China, a menudo citado como un ejemplo exitoso de alta capacidad, todavía alcanza un máximo de aproximadamente 25,000 pasajeros por hora, muy por debajo de lo que logran líneas de metro comparables. Además, requirió adaptaciones de ingeniería excepcionales debido a la topografía única de la ciudad, circunstancias que no están presentes en Santo Domingo.

Las ciudades que han implementado monorrieles como sistemas de transporte primarios han enfrentado consistentemente limitaciones de capacidad, desafíos de integración y obsolescencia prematura, a menudo requiriendo su reemplazo en 20-30 años en lugar de la vida útil de más de 50 años de los sistemas de metro.

Adopción Global de Sistemas de Transporte Masivo

La clara preferencia global por sistemas de metro refleja su superioridad técnica comprobada, con 85 países utilizando metro/tren subterráneo frente a solo 12 países que emplean monorrieles. Esta tendencia se replica en Latinoamérica, donde las condiciones urbanas son similares a Santo Domingo, y la adopción de metro es abrumadoramente dominante con 8 países que lo utilizan (México, Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Panamá, República Dominicana), mientras que solo 1 país (Brasil) utiliza monorriel, y únicamente como sistema complementario.

Planificación a Largo Plazo: La Miopía del Monorriel

La planificación del transporte público de Santo Domingo debe considerar al menos un horizonte de 25 años para ser considerada una inversión prudente en infraestructura. Se proyecta que la población de la ciudad de Santo Domingo aumente aproximadamente un 30% en las próximas dos décadas, con los correspondientes incrementos en la demanda de transporte. Este factor por sí solo hace que la solución propuesta del monorriel sea inadecuada desde su concepción.

La limitación fundamental de iniciar el servicio con un sistema que ya opera a su máxima capacidad no puede subestimarse. Los sistemas de transporte suelen requerir entre un 15% y un 20% de capacidad adicional en la apertura para acomodar las fluctuaciones normales de la demanda y proporcionar una calidad de servicio razonable. Un sistema que comienza a plena capacidad ofrecerá una experiencia deficiente al pasajero desde el primer día, con hacinamiento, problemas de fiabilidad y sin margen para interrupciones menores.

La evidencia histórica del propio sistema de metro de Santo Domingo demuestra la sabiduría de una planificación de capacidad con visión de futuro. Las líneas que iniciaron operaciones en 2009 inicialmente operaron por debajo de su capacidad, pero esta previsión les ha permitido acomodar un crecimiento significativo de pasajeros sin requerir costosas actualizaciones inmediatas. Este es precisamente el enfoque que debe seguirse con las nuevas inversiones en transporte público.

Preocupaciones de Seguridad y Fiabilidad

Más allá de las limitaciones de capacidad, los sistemas de monorriel presentan desafíos de seguridad y fiabilidad preocupantes que han recibido atención insuficiente en el discurso público. Estos factores disminuyen aún más la idoneidad de los monorrieles para los corredores de tránsito primarios de Santo Domingo.

Los sistemas de monorriel enfrentan desafíos fundamentales de evacuación durante emergencias. La naturaleza elevada de los monorrieles, típicamente de 5 a 10 metros sobre el nivel del suelo, hace que la evacuación de emergencia sea significativamente más compleja que en los sistemas de metro, que pueden evacuar a los pasajeros directamente a nivel del suelo o a través de túneles diseñados con salida de emergencia. Incidentes notables, como el accidente del Wuppertal Schwebebahn en Alemania en 2018 o la colisión del monorriel de Disney en Florida en 2010, resaltan estos desafíos de evacuación.

La vulnerabilidad climática representa otra preocupación significativa. Si bien el clima de Santo Domingo es generalmente templado, la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos a nivel mundial hace que la naturaleza expuesta de las vías del monorriel sea problemática. La formación de hielo, los vientos fuertes y las fluctuaciones extremas de temperatura afectan las operaciones del monorriel más severamente que los sistemas de metro subterráneos. Incluso las lluvias moderadas pueden reducir la adherencia en las vigas del monorriel, lo que requiere restricciones de velocidad que disminuyen aún más la ya limitada capacidad.

Los sistemas de monorriel también sufren de una redundancia limitada debido a su diseño de una sola viga. A diferencia de los sistemas de metro con múltiples vías que permiten operaciones de desvío durante las interrupciones, las averías del monorriel suelen inhabilitar toda la línea hasta que se resuelven. Esta limitación fundamental de diseño significa una mayor vulnerabilidad a las interrupciones del servicio con menos soluciones operativas.

Falsa Economía: El Verdadero Costo del Monorriel

Los aparentes ahorros iniciales en la construcción de monorrieles ocultan los costos significativamente más altos de estos sistemas a lo largo de su vida útil. La tecnología propietaria, las economías de escala limitadas y las restricciones fundamentales de capacidad hacen que los monorrieles sean una falsa economía que, en última instancia, cuesta más a los contribuyentes mientras que ofrecen menos.

Integración Urbana: Las Realidades Estéticas y Prácticas

Los defensores de los sistemas de monorriel a menudo citan su naturaleza elevada como una ventaja para la integración urbana, afirmando que evitan la interrupción del tránsito a nivel del suelo y son menos costosos que la construcción de túneles. Esta perspectiva no considera el impacto urbano significativo de la infraestructura del monorriel, particularmente en corredores urbanos ya establecidos.

Las vigas de hormigón elevadas requeridas para la operación del monorriel suelen tener entre 0.9 y 1.2 metros de espesor y están soportadas por columnas de 5 a 8 metros de altura, colocadas cada 25 a 30 metros. Esto crea una intrusión visual sustancial en los entornos urbanos, proyectando sombras permanentes, creando barreras visuales y alterando fundamentalmente los paisajes urbanos. Las estaciones son aún más imponentes visualmente, requiriendo grandes plataformas elevadas de aproximadamente 60 a 100 metros de longitud.

Este impacto infraestructural es particularmente preocupante para los distritos históricos y barrios establecidos de Santo Domingo, donde la introducción de estructuras masivas elevadas de hormigón alteraría permanentemente el carácter urbano y podría reducir el valor de las propiedades a lo largo de los corredores. El aspecto de la contaminación visual ha sido consistentemente subestimado en las comunicaciones oficiales.

 

Recomendaciones: Una Estrategia de Transporte con Visión a Futuro

Basándonos en el análisis exhaustivo presentado, proponemos las siguientes recomendaciones para la expansión del transporte público de Santo Domingo:

Estas recomendaciones reconocen que la infraestructura de transporte público representa una inversión multigeneracional que debe priorizar la funcionalidad a largo plazo sobre los ahorros de costos a corto plazo. El costo adicional del 15-25% para sistemas de metro adecuados sobre alternativas de monorriel representa un excelente valor cuando se amortiza sobre la vida útil funcional de más de 50 años de estos sistemas.

Conclusión: El Precio del Pensamiento a Corto Plazo

El giro propuesto de la expansión del metro a la implementación de un monorriel para Santo Domingo representa una preocupante priorización del ahorro de costos iniciales sobre la eficacia del tránsito a largo plazo. La evidencia presentada demuestra de manera concluyente que los sistemas de monorriel, a pesar de su atractivo superficial, son fundamentalmente inadecuados para servir como arterias de tránsito primarias en una metrópolis en crecimiento como Santo Domingo.

Las limitaciones de capacidad por sí solas 420.000 pasajeros por hora para monorriel frente a 27.000+ para metro con potencial de expansión4 deberían descalificar al monorriel de ser considerado para corredores principales. Un sistema de tránsito que comienza a operar ya a su máxima capacidad no es una solución, sino meramente una medida provisional temporal e inadecuada.

Los aparentes ahorros de costos de la construcción del monorriel se disipan cuando se analizan a través de la lente de los costos del ciclo de vida, la experiencia del pasajero, la integración urbana y la longevidad del sistema. La decisión de proceder con el monorriel probablemente sería recordada como un error costoso que requeriría corrección en una generación, exactamente la planificación miope que una inversión en infraestructura inteligente debería evitar.

Santo Domingo merece una infraestructura de tránsito que sirva no solo a los ciclos presupuestarios inmediatos, sino al próximo medio siglo de desarrollo urbano. El sistema de metro ha demostrado su valor a través de décadas de servicio confiable y capacidad para crecer con la ciudad. Este modelo exitoso debe expandirse, no abandonarse por una alternativa inferior que ha demostrado repetidamente sus limitaciones en contextos urbanos a nivel mundial.

El verdadero costo de un tránsito inadecuado no se paga principalmente en los presupuestos de construcción, sino en la vida diaria de los ciudadanos: en tiempo perdido, movilidad reducida, oportunidades limitadas y calidad de vida disminuida. Este es un precio demasiado alto para pagar por la falsa economía del monorriel.